martes 6 de diciembre de 2011

Reflexiones políticas: el punto de partida


No sé si seré yo que estoy mal enfocado de raíz, o es que simplemente mi pensamiento político siempre ha sido un camino largo, sinuoso y cambiante como mi carácter. Cuando era chico era medio anarco y pasaba largas horas filosofando en contra del sistema y todo lo que representaba. Hice de La Guitarra un himno y me dediqué por años a mandar a todo el mundo al carajo y cuidar mi incipiente melena. Ya más grande, me sentí más ligado al centro, entendí que no se puede vivir a un lado del camino y que beber todo el día sin hacer nada no era lo mío, aunque me sigue pareciendo interesante de practicar.

Y así fueron las cosas... de rayar con los Sex, Nirvana y todo el movimiento underground, pasé a identificarme con causas que hasta la fecha considero justas, como decirle NO al aborto. Me fui asentando, valorando más a la familia y haciéndome más católico. De estas tres últimas cosas no me arrepiento en lo absoluto, pero sí de haber renegado a mis inicios. Claro, porque sin darme cuenta fui tendiendo hacia la derecha y aferrándome a ideologías que poco y nada representan mi verdaderos ser.

Pese a lo que digan, nunca fui ni seré facho. Acepto que voté por Piñera –y me quiero inmolar por eso- y que sigo siendo cerrado respecto a algunas cosas, como el ya mencionado aborto y el matrimonio homosexual. Pese a lo que piensen, tampoco fui ni seré rojo, porque sigo creyendo que son basura, igual que todos los partidos políticos y sus representantes. Qué daría yo por un candidato apolítico, pero de verdad, que representara una verdadera lucha por la igualdad y el respeto, que quisiera terminar con la pobreza sin enriquecer sus propios bolsillos y que se preocupara, además, del medio ambiente.

No sé ustedes, pero yo me encuentro de vuelta en una suerte de ausentismo político. Como que nada me va y nada me viene. No he vuelto al anarquismo porque me siguen pareciendo importantes muchas cosas de la vida en sociedad y seguiré luchando por ellas mientras las considere justas. Lo acepto,  entré al sistema, me calmé, creo en Dios y me gusta, pero eso no me vuelve un mal ser humano ¿o sí? Hay mucho idiota que te asocia a distintas cosas o partidos por tu religión y eso me molesta, pero bueno. Son libres, vivimos en un país libre, democrático –dicen- y al menos eso me parece importante. Justo. Destacable. Hay que pelear por ello.

domingo 7 de agosto de 2011

Banalizar y politizar; para mí la misma mierda.

Fruto de la relación entre una madre de familia marxista y un padre de orígenes ligados a la vereda contraria, desde muy chico comprendí que hablar de política y religión en la mesa de té club era una soberana estupidez. Me piso la cola, es cierto, porque durante años lo hice con el gran y único fin de meterles un ají en el culo a los viejos odiosos que por siglos creyeron tener la razón sobre lo que era mejor para el mundo, pero que se quedaron en el mero idealismo.

Hoy, con un cierto grado de madurez y años de trabajo en el laboratorio de críticas sociales, pienso que hablar o mezclar la política con la realidad es el peor error que se puede cometer porque vulnera la práctica del libre albedrío, de ese magno regalo que significa el sólo hecho de poder pensar distinto al sujeto que se nos sienta al lado en la micro, la iglesia, el cine o el topless.

Esta reflexión me asoma con fuerza en el momento actual que vive Chile. Ya son meses, semanas y días escuchando a viejos cobardes –pero justamente traumatizados- que resaltan las similitudes del acontecer actual con los años cercanos al 73, y a pendejos insoportablemente incultos que hablan de Pinochet, Allende, el almirante Merino, Fulano, Zutano y Merengano, como si alguna vez hubiesen aprendido algo de ellos por iniciativa propia.

Digo esto porque el tema de fondo que estamos tratando en este momento, como país, no nace con Pinochet ni se sustenta en los 20 años en que la Concertación no movió un dedo. El verdadero tema a tratar nace con la oportunidad que se nos presenta para construir una sociedad más justa e igualitaria para todos. De esta forma, si encausamos en la búsqueda de quién tuvo la culpa o quién fue el idiota que ideó la LOSE, estamos banalizando un movimiento que pelea por causas realmente justas.

En estos momentos no importa lo que se diga Hinzpeter con Jackson, Larraín con “la manga de subversivos”, o el ministro Longueira con el espíritu de Jaime Guzmán. Aquí lo que importa es no caer bajo. Es tomarle el peso a que en este país se viven, en este momento, cientos de desigualdades que vulnerarán en el corto plazo el derecho de nuestros hijos y nietos de crecer en una sociedad más justa.

domingo 24 de julio de 2011

LO PROMETIDO ES DEUDA

Lo advertí, lo prometí y lo cumplí. Fueron años, es cierto. Pero ya reza el adagio que más vale tarde que nunca y, como leen, La Ciudad de la Furia regresa en gloria y majestad después de una triste y dolorosa pérdida que extravió en el olvido algunos retazos de vida... ¿Qué más da? total, Neruda no estaba hueviando cuando dijo que el amor es corto y largo el olvido. Siempre habrá algo de que escribir.